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sábado, 7 de mayo de 2011

NUBES DE SALSA DE SOJA QUE SABEN A ERIC BURDON

Hoy no ha brillado el sol, y lo he notado, en lo bueno y en lo malo. Hoy corría el aire fresco, hoy el viento despeinaba. Hoy ha sido un día que ha empezado con café, como todos. Tras una ardua, pero al fin concluida, mañana cyberpunk, ha venido una tarde solitaria tras unos spaghettis. Una tarde de echarte de menos, una tarde de tocadisco, de dejar que la voz de Burdon y de Strummer me desgarraran los oídos de la forma más maravillosa posible, una tarde de té helado y artículos.

Pero no había té en casa, he tenido que ir al supermercado.
El supermercado siempre me ha parecido un lugar de tránsito enorme. Puedo pasarme horas dentro de un supermercado dando vueltas como una idiota (hago un paréntesis porque esto me acaba de recordar a Lost in the supermarket de The Clash).


El super me fascina, todo lo que hay dentro de él, tantas marcas de una misma cosa, tantos precios distintos, tantos sabores para un mismo poema. Si lo piensas bien, ¿Qué es un supermercado sino una exposición del producto al mejor postor? ¿Qué es la calle, la acera, pues sino, que una estantería donde los productos frescos pasean ,vienen y van, arriba y abajo? Ir al supermercado es la vida misma. Lo barato sale caro, malo para mi, pero en el buen sentido para otro, y sino que se lo digan al artista posmoderno Andreas Gursky que su fotografía denominada 0,99 se vendió en una subasta de Sotheby's por 2,54 millones de euros, siendo la más cara de la historia.

0,99 centavos. GURSKY.

Y el sentimiento que a mi me transmite un supermercado - a otra gente le pasa con los aeropuertos, las oficinas, las discotecas, o los cutres moteles de carretera (estos últimos, lugares horribles donde siempre ocurren las peores cosas inimaginables, gracias Hollywood...) - tiene mucho que ver con la obra de este artista, entre otros.
Un lugar de la cotidianidad y congregación de la masa, pero que al mismo tiempo se convierte en un lugar de nadie, un lugar de paso, un gran tablero de ajedrez donde se repite la misma partida todos los días. Aunque Gursky lo planteé como una demostración de la comunidad humanitaria, de intercambio vinculado a la sociedad tardocapitalista, yo voy a meter aquí la obra de otro artista, me quedo con la estética de Gursky y cojo los conceptos de Doug Aiken en su obra Migration; y quien sabe si de esta mezcla saldría incluso otro arista, el fotógrafo Stephen Shore, quien podría ser la llave para entender lo extraña que me he sentido al verme reflejada en una de las columnas-espejo del super con una botella de té de melocotón en una mano y salsa de soja en la otra.


Migration, AIKEN, 2008.

Migration, AIKEN, 2008.
Me hubiera perdido en mis ojos en ese momento. Y mi cabeza me decía: no vengas sola a estos lugares, mira a tu alrededor. Y mi corazón decía: no sé si quiero, no sé si puedo. Y mi paladar decía: no te olvides del zumo de manzana. Pero eso no es lo peor, la cola del super es la peor parte, allí me han dado ganas de salir corriendo. Colas largas e interminables llenas de familias domingueras, niños que gritan, abuelas charlatanas, y solteros de mirada perdida con raciones individuales que parecen padecer el síndrome de Asperger. Un vacío emocional pero al mismo tiempo un amor a mi soledad, un deseo irrefutable de poseer alas, y pensar: así no por favor, así yo no.


Uncommon places, SHORE.

Uncommon places, SHORE.

He pagado mi té y mi soja y me he ido lo más rápido posible, para evitar que lo inevitable de mi futuro me atrape.Yo no puedo ser de familia dominguera, yo quiero llegar a mi casa y leer en el sofá y acariciar a mi gato; no poner dos lavadoras, ni preparar bocadillos para el cole, ni aguantar el fútbol, es no, por favor.
La próxima vez que me de por echarte de menos procurare tener té en la nevera, y que brille el sol en la calle.



"Ars longa, vita brevis"